Acerca de las Maldiciones

ACERCA DE LAS MALDICIONES

Por el Pastor Fernando Reyes-Ortiz © 2003

Juan 8:32 Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres

DEFINICIÓN DE MALDICIÓN

El Diccionario Vine Expositivo para Palabras del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento define de la siguiente manera:

En el Antiguo Testamento: Maldecir (Hebreo: qalac) “Ser insignificante, liviano, ligero, veloz; maldecir”. Este vocablo de gran amplitud se encuentra tanto en hebreo antiguo como moderno. El término aparece unas 82 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Como se podrá percibir, sus diversos matices surgen de la idea básica de ser “insignificante o ligero”, con connotaciones un tanto negativas. A menudo “qalac” adquiere la idea de “maldecir”, tratar como “insignificante” o despreciable o sea “mal-decir”

“Maldecir” significa “jurar” cuando se trata de alguna divinidad. A menudo aparece en paralelo con “bendecir”. Los paganos se valían del poder de la “maldición” para deshacerse de sus enemigos.

En el Nuevo Testamento: Maldecir (Griego: katanathematizo) Significa declarar “anatema”; esto es, dedicado a la destrucción, “maldito”, “maldecir”, o comprometer mediante una “maldición”, juramentar. Pronunciar “maldiciones” en contra de. Orar en contra de, desear el mal para una persona o cosa. Decir mal.

Denota execración, “maldición”, pronunciada con malevolencia o lanzada por Dios en su justo juicio, como sobre una tierra “maldecida”. Una cosa “maldita”; poniéndose el objeto “maldecido” por la “maldición” pronunciada.

Una definición alternativa puede formularse de la siguiente manera: Expresión violenta de maldad sobre alguien para traer destrucción. Un pronunciamiento para llamar a una deidad o a Dios mismo, para que ejecute un desastre, maldad, destrucción o muerte sobre una o varias personas. Es lo opuesto a bendición.

POR MEDIO DE JESUCRISTO PODEMOS SER LIBRES DE LA MALDICIÓN

Jesucristo no vino a eliminar la Ley sino a cumplirla. Algunos creen que no se debe guardar la ley moral y que tienen una licencia especial para hacer lo que desean. Otros consideran que los 10 Mandamientos, que son un resumen de toda la ley mosaica, han pasado de moda y que ya no estamos sujetos a esta ley. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enfatizan que todos debemos cumplir con la ley de Dios, que es muy diferente a ser salvos porque cumplimos la Ley.

Existe confusión ya que erróneamente se cree que en la nueva dispensación de la gracia no debemos cumplir la Ley de Dios. Esta mala interpretación de las Escrituras tiene su origen en confundir la Ley moral (obligatoria en su cumplimiento) con la ley ceremonial que tiene que ver con lo relacionado a las costumbres de ofrendas, sacrificios y ceremonias judaicas que fueron abolidas. Los versículos que se señalan a continuación son suficientes para aclarar este punto.

Juan 1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo

Romanos 6:14-15 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera”

El Señor nunca dijo que eliminaría la Ley, por el contrario afirmó que debemos observarla, enseñarla y cumplirla.

Mateo 5:17-19 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos”

Confirmando, lo dicho por el Señor Jesús, el Apóstol Pablo nos dice que la Ley es santa, buena y justa.

Romanos 7:12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno

Cristo no anuló la Ley moral, sino que nos hizo libres de la maldición de la Ley que viene como consecuencia del pecado. Esto es muy diferente a sostener que somos libres de la Ley porque vivimos en la gracia. No estamos libres del cumplimiento de la Ley moral, sino que podemos ser libres de la maldición de la Ley, que es consecuencia del pecado.

Toda ley debe tener penalidad para los que la infringen, si no hay penalidad no hay ley. Una ley sin penalidad no existe. Lo podemos comprobar en lo natural. Si un ciudadano no cumple una determinada ley, aún cuando argumente ante las autoridades que no tenía conocimiento de la ley que infringió, el castigo por desobedecer dicha ley será efectivo. Entonces, tanto en lo natural como en lo espiritual, estamos obligados a conocer la ley y a cumplirla, de otra manera sufriremos las consecuencias.

Recuerdo que hace años, me descuidé y no cancelé unos impuestos contemplados en el ordenamiento legal. Al presentarme a solucionar este asunto, le expliqué al funcionario público que yo no sabía esa determinada ley impositiva. Me respondió que, como ciudadano, en pleno ejercicio de mis derechos, debía tener conocimiento de todas las leyes del país y cumplirlas. Finalmente, tuve que pagar la multa establecida para los infractores. De la misma manera, como ciudadanos del Reino de Dios debemos conocer Sus leyes y cumplirlas.

Aunque nació bajo la Ley, Jesús a través de su perfecta obediencia cumplió la Ley de Dios.

Gálatas 4:4-5, Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos

Isaías 53:11, Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos

Dios en su misericordia infinita, proveyó en Jesús el remedio divino para los infractores a Su Ley. Por intermedio de Jesús podemos escapar de las penalidades de la Ley, que son maldiciones. Esto es muy diferente a escapar al cumplimiento de Su Ley. La Escritura que citamos a continuación no dice que somos libres de la Ley sino de las maldiciones de la Ley.

Gálatas 3: 13-14 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu

Para escapar a las penalidades de la Ley de Dios debemos cumplirla. Para ello Dios ha provisto la solución: Andar en el Espíritu, es decir vivir en el Espíritu ya que si lo hacemos no pecaremos.

Romanos 8:1-2 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

El caso de la serpiente ardiente registrado en el Antiguo Testamento es muy ilustrativo. Jehová escuchó a Israel y les dio victoria sobre los cananeos. Luego se desanimaron en el camino y se quejaron a Moisés: “Porqué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en el desierto”(Éxodo 17:3) Como castigo por los pecados de rebelión Dios envió “serpientes ardientes”, que les mordían. Para escapar de esta penalidad, la muerte, debían mirar a una serpiente ardiente en lo alto de un asta, al hacerlo la maldición era cancelada y eran sanados.

Numeros 21: 8-9 Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía”

Jesús dijo que Él fue levantado como la serpiente ardiente en el desierto. Fue levantado en su cruz para que podamos escapar a las penalidades del pecado. Así, hoy para escapar a la maldición de la muerte, consecuencia de infringir la Ley de Dios, podemos mirar a Cristo que se hizo maldición por nosotros.

Juan 3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna

Cuando Jesucristo colgó del madero, fue hecho maldición por todos. El aceptó voluntariamente el castigo por nuestros pecados. Recibió en El toda la maldición del pecado.

La Palabra nos dice que los que caminan en el Espíritu no están bajo la ley

Juan 16:7-13 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”

El Espíritu Santo es quien nos “convence de pecado, de justicia y de juicio” y nos guía a la verdad. Si somos guiados por el Espíritu caminaremos en los Mandamientos del Señor y no infringiremos Su Ley. Si no violamos la Ley no hay maldición.

Gálatas 5:18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley

Para no pecar, Pablo nos instruye que debemos andar en santidad mediante la obra del Espíritu Santo en nosotros. La vida en el Espíritu nos conduce a la santidad y a la perfecta obediencia.

La salvación es por gracia, no se puede comprar ni con buenas obras, ni con dinero. El precio que pagó Jesucristo fue muy alto: Su vida. Esto no se discute. Pero nos debemos apropiar de los beneficios de la Cruz de Cristo: El perdón por nuestros pecados, los diversos dones y ministerios, la sanidad de diversas enfermedades, la liberación de nuestras cautividades, la provisión de nuestras necesidades, y todas Sus hermosas promesas. Si no pedimos no podemos recibir. Cristo ya pagó el precio por todo.

Es común limitar el significado de salvación solo al logro de la vida eterna, que sin duda es lo más importante para nuestra vida. Pero salvación tiene un significado más amplio que incluye la liberación de nuestras ataduras y maldiciones, la liberación de enfermedades. La palabra en griego para salvación es “soteria” se aplica a : Liberación, preservación, sanidad, prosperidad, felicidad, rescate, bienestar general. Se usa esta palabra en sentido material y temporal y también en sentido espiritual y eterno. El Nuevo Testamento especialmente usa la palabra para designar un bienestar espiritual integral. La salvación es una posesión presente y la perspectiva para una realización más plena en el futuro.

La palabra nos dice que las maldiciones existen y que solo cuando el Señor Jesús venga por segunda vez estas quedarán sin efecto.

Apocalipsis 22:3 Y no habrá mas maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán

¿PUEDEN LAS MALDICIONES AFECTAR NUESTRA VIDA?

Si, si lo permitimos. Dios actúa en nuestras vidas en la medida que le permitimos actuar para bendición. De la misma manera, el diablo actúa en la medida que le dejamos hacerlo, pero para maldición. Dios nos ha creado con libre albedrío para que decidamos entre sus bendiciones por obedecerle o las maldiciones producto de la desobediencia.
Si pecamos abrimos puertas para que los demonios actúen y nos causen problemas. También podemos recibir maldiciones debido a la actividad ocultista de los siervos de Satanás como también por herencia de nuestros antepasados.

La maldición nunca vendrá sin causa.

En general, cuando consideramos las maldiciones debemos tener en cuenta que toda maldición tiene una causa. Ninguna maldición viene sin motivo.

Proverbios 26:2 Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa”

Maldición o bendición: Usted escoge

Como hemos establecido toda trasgresión, es decir pecado, contra la Ley moral establecida por Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, trae consecuencias: maldiciones. Asimismo, la obediencia trae bendiciones a quienes andan de acuerdo a la Palabra de Dios En el Libro de Deuteronomio Moisés advierte al pueblo de Israel

Deuteronomio 28:1-2 Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

Luego se enumeran las bendiciones entre los versos 2 al 14. En el verso 15 hay una contraposición a las bendiciones que son las maldiciones

Deuteronomio 28: 15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.

Del verso 16 en adelante se detalla la lista de maldiciones como consecuencia de la desobediencia.

Si de Dios provienen tanto las bendiciones como las maldiciones, nosotros decidimos el camino a seguir.

Deuteronomio 28:63 Así como Jehová se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará Jehová en arruinaros y en destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para tomar posesión de ella.

El Apóstol Pablo nos instruye que debemos andar de acuerdo a la Palabra de Dios en santidad buscando la perfección. De esta manera evitaremos caer en maldición

Colosenses 1:28 Amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.

Hechos 20:31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.

El pecado abre la puerta a las maldiciones

Cuando pecamos abrimos puertas para que el diablo y sus huestes de maldad traigan maldición a nuestra vida. Por ejemplo, la borrachera o el involucrarse en ocultismo sin que medie arrepentimiento, permitirá a los demonios ganar terreno en nuestra vida ya que abrimos la puerta para que seamos atacados con maldiciones. Recuerde, nosotros escogemos si queremos bendición o maldición. Entiéndase arrepentimiento (griego: metanoia), como “cambio de actitud o de propósito en la vida”, es decir una acción y propósito y no penitencia o remordimiento sin decisión de cambio. La maldición es un problema espiritual que no se puede remediar por medio de métodos naturales. Una de las leyes de oro dice que cosechamos lo que sembramos.

Gálatas 6:7 No os engañéis Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Algunos afirman que las maldiciones no existen. Otros que, si existen, pero que solo afectan a los que no son cristianos. Lamentablemente, esto no es verdad, las maldiciones son reales y afectan la vida de los pecadores y desobedientes sean estos cristianos o no. En la experiencia práctica de liberación se comprueba que las maldiciones son reales y que actúan a través de espíritus inmundos. Hay cristianos que piensan que las maldiciones no existen y que estas no pueden tener efectos sobre ellos. Lamentablemente esto no es verdad. En la experiencia personal acumulada de varios años en liberación, hemos comprobado lo contrario y hemos liberado a muchos cristianos de maldiciones.

La maldición es Bíblica

Las maldiciones están citadas en la Biblia de principio a fin, desde Génesis 3:14 que relata la primera maldición sobre la serpiente que tentó e hizo caer a Eva hasta Apocalipsis 22:3.

Génesis 3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

La sección que se inicia en Apocalipsis 21:10 habla de la Nueva Jerusalén y dice que “no habrá más maldición”,

Apocalipsis 22:3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán Entonces podemos colegir que la maldición es real y que cuando lleguemos a la Nueva Jerusalén desparecerá. La humanidad por su condición caída y pecadora, aunque a alguien le parezca repelente e injusto, esta sometida a las maldiciones.

En el Antiguo Testamento “maldición” es un concepto de poder que libra una fuerza espiritual negativa (espíritus inmundos) contra una persona, objeto o lugar. Esto también es cierto cuando Dios maldice. En la Escritura observamos que la mayoría de las veces las maldiciones provienen de Dios y en varios casos de sus siervos actuando de acuerdo a la voluntad divina. En la Biblia encontramos 202 contextos de maldición, de los cuales 143 son emitidos por Dios y sus siervos. Deuteronomio capítulos 27 al 31 y Números capítulos 22 al 24, contienen muchas maldiciones contrapuestas a las bendiciones.

Otro ejemplo, Saúl desobedeció a Jehová cuando se le ordeno destruir a los amalecitas y a su Rey Agag. Debido a que no cumplió Su mandato, Dios le envió un espíritu malo. Debido a su constante desobediencia el primer Rey de Israel fue sucedido por David.

1 Samuel 16:14-16 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. 15Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. 16Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio.

Reconociendo las Maldiciones

Hay señales reveladoras que nos indican que podemos estar bajo maldición. Las más comunes son:

• Áreas de nuestra vida con las cuales luchamos y no hemos podido superar a pesar de nuestra fe en el Señor y nuestro esfuerzo en ayuno, oración y otras disciplinas cristianas. • Quebrantamiento emocional constante • Problemas de hambruna • Problemas irregulares de menstruación en las mujeres • Matrimonio roto o a punto de romperse • Problemas financieros: Pobreza. Algunas veces, por un periodo corto de tiempo, la pobreza es una prueba, pero si estamos siempre en pobreza puede ser maldición. • Propensión a los accidentes • Antecedentes de muerte prematura en la familia • Diversos patrones de maldiciones en la familia • Enfermedades heredadas, sobretodo las que los médicos no pueden explicar ni encontrar la causa.

Causas de maldición

En este estudio vamos a considerar:

Las maldiciones que son causadas por nuestras palabras dichas de manera deliberada o no deliberada.

Las maldiciones que son causadas por Satanás y su reino como consecuencia de la actividad ocultista de sus servidores contra nosotros o contra otros o por prácticas ocultistas de nuestra parte con o sin conocimiento.

Las maldiciones por desobedecer a Dios y Su ley moral.

Las maldiciones por herencia familiar